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Estrés postraumático

El estrés postraumático (TEPT) requiere un tratamiento diferenciado y una sensibilidad especial, ya que no hablamos de una sobrecarga de tareas, sino de una herida en la narrativa vital de la persona.

En la trayectoria vital de un adulto, existen momentos que marcan un punto de inflexión, dividiendo la propia biografía en un ‘antes’ y un ‘después’.

Estrés postraumático en mujer.
 
Mientras que el estrés convencional suele ser fruto de la acumulación de presiones cotidianas, el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) surge como la respuesta psicológica a un evento de gran impacto que ha superado, de forma abrupta, nuestra capacidad de afrontamiento.

No se trata simplemente de recordar un mal momento; se trata de una vivencia que el cerebro no ha logrado archivar correctamente en el pasado.

Cuando el pasado detiene el presente.

La característica fundamental de esta patología en la edad adulta es la intrusión. Quien lo padece no solo recuerda el suceso traumático, sino que a menudo lo revive con la misma intensidad física y emocional que cuando ocurrió.

Es como si el sistema de alarma del cuerpo, diseñado para protegernos en el momento del peligro, se hubiera quedado bloqueado en la posición de encendido.

Esto puede manifestarse a través de imágenes involuntarias, pesadillas o una reacción física desproporcionada ante estímulos que, para otros, resultarían inofensivos.

La evitación genera aislamiento.

Una de las facetas más complejas de este trastorno es la evitación. En un intento comprensible por no sufrir, la persona comienza a esquivar lugares, conversaciones o situaciones que le recuerden el trauma.

Si bien esta estrategia ofrece un alivio momentáneo, a largo plazo tiende a reducir significativamente la calidad de vida y la libertad individual, generando un aislamiento progresivo.

Mujer con estrés postraumático.
 
A menudo, esto se acompaña de una especie de ‘anestesia emocional’, donde el paciente siente dificultades para experimentar alegría o cercanía incluso con sus seres queridos, como mecanismo de defensa para mantenerse a salvo.

Entender el estrés postraumático.

Desde el punto de vista de la psicología clínica, es vital desestigmatizar esta condición. Entender que el estrés postraumático no es un signo de debilidad de carácter ni una incapacidad para pasar página, sino una alteración en el procesamiento de la información.

El cerebro, ante la magnitud del impacto, no ha podido ‘digerir’ la experiencia e integrarla en la memoria biográfica normal.

El abordaje terapéutico en estos casos es altamente especializado. En Grupo Motyva trabajamos para crear un espacio de seguridad donde sea posible procesar esa memoria traumática.

El objetivo no es borrar el recuerdo —algo imposible neurológicamente—, sino despojarlo de su carga dolorosa e incapacitante.

Se trata de ayudar a la persona a colocar ese evento en su línea temporal, dejándolo efectivamente atrás, para que deje de invadir el presente y permita retomar el proyecto de vida con plenitud y serenidad.

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