A menudo utilizamos la palabra ‘depresión’ con una ligereza que desdibuja su verdadero significado.
Decimos que estamos deprimidos cuando nuestro equipo pierde un partido, cuando el clima es gris o cuando tenemos un mal día en el trabajo.

Sin embargo, desde la consulta de psicología para adultos, sabemos que la realidad clínica de este trastorno dista mucho de ser una simple emoción pasajera.
La depresión no es simplemente estar triste; es una alteración profunda en la forma en que procesamos la realidad, sentimos y actuamos, convirtiéndose en una niebla densa que envuelve cada aspecto de la vida cotidiana.
Distinguir la tristeza de la depresión.
Para comprender esta patología, es fundamental distinguirla de la tristeza adaptativa.
La tristeza es una emoción natural y necesaria que surge ante una pérdida o una decepción, pero que con el tiempo se disipa permitiéndonos volver a funcionar.
La depresión, en cambio, se instala y se cronifica. Quienes acuden a nuestro centro a menudo describen una sensación de vacío persistente, una pérdida de interés por actividades que antes les apasionaban y una fatiga que no se alivia con el descanso.
¿La depresión es un estado pasajero?
Este fenómeno, conocido técnicamente como anhedonia, actúa como un muro invisible entre la persona y su entorno.
No es que el paciente no quiera disfrutar, es que su capacidad neurobiológica y psicológica para hacerlo se encuentra temporalmente bloqueada.
A esto se suman alteraciones en los ritmos vitales más básicos: el sueño se vuelve esquivo o excesivo, y el apetito fluctúa drásticamente, afectando al bienestar físico y retroalimentando el malestar emocional.
La depresión puede llegar a hacerse crónica o recurrente, y dificultar sensiblemente el desempeño en el trabajo o la escuela y la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio.
Si es leve, se puede tratar sin necesidad de medicamentos, pero cuando tiene carácter moderado o grave se pueden necesitar medicamentos y psicoterapia profesional.

El origen de la depresión.
Uno de los estigmas más dañinos que intentamos derribar en terapia es la idea de que la depresión es sinónimo de debilidad de carácter. Nada más lejos de la realidad.
Hablamos de una condición compleja donde interactúan factores biológicos, psicológicos y sociales.
A veces existe un detonante claro, como un duelo no resuelto, una ruptura traumática o una situación de estrés laboral prolongado; otras veces, la depresión se gesta de forma silenciosa, fruto de patrones de pensamiento rígidos o desequilibrios neuroquímicos que no dependen de la voluntad de la persona.
Es vital comunicar que nadie elige tener depresión, del mismo modo que nadie elige tener una dolencia física.
La culpa es un síntoma frecuente en este cuadro clínico, llevando al paciente a recriminarse por ‘no estar bien’ a pesar de tener motivos objetivos para estarlo.
Nuestra labor profesional comienza precisamente ahí: validando el sufrimiento y despatologizando la culpa para poder trabajar sobre ella.

Cómo abordar la depresión.
En Grupo Motyva abordamos la depresión en adultos desde una perspectiva integral. La terapia psicológica no consiste simplemente en desahogarse o recibir consejos, sino en un proceso activo de reestructuración.
Trabajamos para identificar esos diálogos internos negativos que actúan como combustible del malestar y desarrollamos herramientas prácticas para gestionar la emoción.
La intervención se centra en romper el ciclo de la inactividad. Es común que la depresión invite al aislamiento y a la pasividad, lo que a su vez genera más pensamientos negativos.
Retomar gradualmente el control.
A través de técnicas basadas en la evidencia, acompañamos al paciente a retomar gradualmente el control de su vida, estableciendo pequeñas metas realizables que ayuden a restaurar la sensación de autoeficacia.
No se trata de forzar un optimismo artificial, sino de aprender a convivir con las emociones y, poco a poco, modificar la relación que tenemos con nuestros propios pensamientos.
Recuperarse de una depresión es un proceso que requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, acompañamiento profesional cualificado.
Dar el primer paso y pedir ayuda es, paradójicamente, la mayor muestra de fortaleza que una persona puede demostrar.
En nuestro centro, entendemos que cada historia es única y, por tanto, el camino hacia el bienestar también debe serlo.