La disortografía afecta al contenido y a la estructura de la palabra. Es el desafío de estructurar el lenguaje escrito.
A menudo, padres y profesores se enfrentan a una paradoja en el aula: alumnos que demuestran una inteligencia viva y una buena capacidad de comprensión verbal, pero cuyos cuadernos están repletos de faltas de ortografía persistentes, uniones indebidas de palabras y errores gramaticales que no parecen mejorar con el estudio tradicional.

No estamos hablando de despistes ni de falta de hábito lector.
En el departamento de Pedagogía de Grupo Motyva, entendemos la escritura no solo como un acto motor, sino como un complejo proceso de codificación.
Si la disgrafía afecta a la forma y el trazo, la disortografía afecta al contenido y a la estructura de la palabra.
Es un trastorno específico del aprendizaje que dificulta la aplicación de las normas ortográficas y la asociación correcta entre el sonido (fonema) y su representación escrita (grafema).
Un obstáculo en la codificación del mensaje.
Para comprender qué sucede en la mente de un niño con disortografía, debemos imaginar que el «diccionario mental» que todos poseemos no funciona con la agilidad esperada.
El alumno escucha una palabra, pero tiene serias dificultades para visualizar cómo se escribe o para recordar la regla que la rige.
Estructura ortográfica muy deficitaria.
Esto ocurre independientemente de que su caligrafía sea buena o mala; de hecho, es posible encontrar textos perfectamente legibles a nivel visual, pero con una estructura ortográfica muy deficitaria.
Los errores que observamos en consulta siguen ciertos patrones que nos permiten diferenciar este trastorno del desconocimiento de una regla puntual.
Es frecuente la omisión de letras (escribir «ventan» por «ventana»), la sustitución de grafemas que suenan parecido, o la inversión de sílabas.

Sin embargo, uno de los signos más característicos es la dificultad para segmentar el lenguaje: el niño puede unir palabras que deberían ir separadas («lacasa») o fragmentar una palabra sin motivo aparente.
El impacto emocional del «error rojo».
El enfoque tradicional ante las faltas de ortografía ha sido la repetición y el copiado intensivo.
Sin embargo, para un alumno con disortografía, llenar páginas con la misma palabra mal escrita no suele ser la solución y, a menudo, genera un rechazo profundo hacia la escritura.
Estos niños suelen ver sus trabajos escolares llenos de correcciones en rojo, lo que impacta directamente en su autoconcepto académico y genera una sensación de incompetencia que no se corresponde con su capacidad intelectual real.
Desde nuestra experiencia profesional, sabemos que el origen de estas dificultades suele estar relacionado con déficits en la percepción auditiva, en la memoria visual o en la orientación espacio-temporal.
No es que el niño «no quiera» aplicar la norma, es que su cerebro no automatiza la regla de la misma forma que lo hacen sus compañeros.
Abordaje pedagógico: Estrategias, no castigos.
En Grupo Motyva, la intervención pedagógica ante la disortografía se aleja de la memorización mecánica. Nuestro objetivo es dotar al alumno de herramientas que compensen sus dificultades.

Trabajamos la discriminación auditiva para que aprendan a diferenciar bien los sonidos antes de escribirlos, y potenciamos la memoria visual para que «fotografíen» la palabra correcta en lugar de intentar deducirla fonéticamente cada vez.
El tratamiento es un proceso de reestructuración. Se entrena la conciencia fonológica y se utilizan técnicas multisensoriales que ayudan a fijar las reglas ortográficas a través de canales distintos al puramente lingüístico.
La escritura debe ser una herramienta de expresión, no una fuente de ansiedad.
Es vital que las familias comprendan que penalizar el error no ayuda a corregirlo; lo que realmente funciona es el entrenamiento específico de las funciones cognitivas que intervienen en la escritura.
Con el apoyo pedagógico adecuado y la comprensión del entorno escolar y familiar, los alumnos con disortografía pueden mejorar sustancialmente su competencia escrita y recuperar la confianza en su propio aprendizaje.