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Disgrafía

La disgrafía es un trastorno del aprendizaje que afecta a la capacidad de escribir. Cuando escribir se convierte en un desafío invisible.

La escritura es una de las habilidades más complejas que el cerebro humano debe desarrollar. Requiere una sincronización perfecta entre el pensamiento, el lenguaje y la motricidad fina.

Dificultad al escribir, disgrafía

Sin embargo, para muchos niños y adolescentes, este proceso no fluye de manera natural, convirtiéndose en una fuente constante de frustración que va mucho más allá de tener una «mala letra». Hablamos de la disgrafía.

Desde el área de Pedagogía de Grupo Motyva, observamos con frecuencia cómo ciertos problemas de aprendizaje quedan enmascarados bajo etiquetas injustas como la desidia o la falta de esfuerzo.

La disgrafía es un trastorno del aprendizaje que afecta a la capacidad de escribir, manifestándose a través de una escritura deficiente, lenta o difícilmente legible, sin que exista un déficit intelectual ni una lesión neurológica grave que lo justifique.

Es, en esencia, una desconexión entre lo que el niño quiere plasmar y lo que su mano logra ejecutar.

Más allá de la estética: el esfuerzo oculto.

Es crucial comprender que la disgrafía no es simplemente una cuestión estética. Un observador atento notará que el niño disgráfico realiza un esfuerzo desmedido para completar tareas sencillas.

Mientras sus compañeros escriben de forma automática, permitiendo que su cerebro se centre en el contenido, el alumno con disgrafía debe dedicar una enorme cantidad de energía cognitiva al acto mecánico de trazar las letras.

Esta dificultad se hace patente en la postura corporal. Es habitual ver al niño acercar excesivamente la cara al papel, adoptar posiciones forzadas o sujetar el lápiz con una tensión innecesaria, lo que a menudo deriva en fatiga muscular y dolor en la mano o el brazo.

Posición forzada al escribir

La escritura deja de ser un vehículo de comunicación para convertirse en una barrera física.

Señales de alerta en el aula y en casa.

Identificar este trastorno requiere mirar más allá del resultado final del cuaderno. Aunque la ilegibilidad es el síntoma más evidente, la desorganización espacial es igualmente reveladora.

Los textos suelen presentar márgenes irregulares, espacios inconstantes entre palabras o renglones que ascienden y descienden sin control («líneas fluctuantes»). Asimismo, es frecuente encontrar una mezcla indebida de letras mayúsculas y minúsculas, o de letra imprenta y cursiva, dentro de una misma oración.

Desde una perspectiva pedagógica, también prestamos atención a la velocidad. La lentitud exasperante al copiar un texto o, por el contrario, una impulsividad que lleva a una escritura precipitada e ininteligible, son caras de la misma moneda.

Este rendimiento desigual suele generar una baja autoestima académica, ya que el alumno es consciente de que su producción escrita no refleja su verdadero nivel de conocimientos o inteligencia.

La intervención pedagógica: reeducar el gesto gráfico.

En Grupo Motyva abordamos la disgrafía desde una perspectiva integral y personalizada.

El tratamiento no se basa en la repetición mecánica de caligrafía —un método que suele ser contraproducente y frustrante—, sino en la reeducación de las habilidades motoras y perceptivas.

La intervención pedagógica se centra en recuperar la funcionalidad de la escritura. Trabajamos la relajación global y segmentaria para reducir la tonicidad muscular excesiva, así como la coordinación visomotora y el control postural.

El objetivo es que el niño adquiera un patrón de movimiento fluido y rítmico, permitiendo que la escritura se automatice progresivamente.

Es fundamental que las familias y los docentes comprendan que la mejora requiere tiempo, paciencia y estrategias adecuadas. Adecuar los materiales de escritura, pautar los tiempos de trabajo y valorar el contenido por encima de la presentación durante las primeras fases del tratamiento son medidas esenciales para reducir la ansiedad del menor.

La detección temprana es la mejor aliada. Si observa que escribir supone un sufrimiento físico o emocional para su hijo, consultar con un especialista en pedagogía es el primer paso para transformar ese obstáculo en una habilidad superada.

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