La discalculia, cuando el mundo de los números se vuelve indescifrable.
Vivimos rodeados de números. Desde mirar la hora en el reloj hasta calcular el cambio al comprar el pan, las matemáticas son un lenguaje universal que utilizamos casi sin pensar.

Sin embargo, para un porcentaje significativo de la población escolar, este lenguaje resulta ajeno, confuso y angustiante.
Hoy abordamos el tema de la discalculia, a menudo descrita coloquialmente como la ‘dislexia de los números’.
Pensamiento lógico-matemático.
Si en artículos anteriores abordábamos las dificultades para escribir correctamente, hoy nos centramos en el pensamiento lógico-matemático.
La discalculia es un trastorno específico del aprendizaje de origen neurobiológico que afecta a la adquisición de las habilidades aritméticas básicas.
No se trata de tener dificultades con integrales o ecuaciones complejas, sino de una falta de comprensión del ‘sentido numérico’ más elemental.
El niño o adulto con discalculia tiene problemas para percibir cantidades, entender qué número es mayor que otro o realizar cálculos mentales sencillos que sus compañeros automatizan rápidamente.
Discalculia, un rompecabezas lógico sin piezas.
Para entender cómo se siente un alumno con discalculia, imaginemos que nos piden leer un texto en un idioma que desconocemos: vemos los símbolos, pero no podemos extraer su significado ni su lógica.
Estos niños suelen recurrir al conteo con los dedos mucho más allá de la edad esperada, ya que no logran abstraer el concepto de cantidad en su mente. Para ellos, el número ‘5’ no evoca automáticamente una magnitud concreta, sino que es simplemente un símbolo vacío.

En el día a día escolar, y también en el hogar, las señales son sutiles pero constantes. Observamos dificultades para aprender las tablas de multiplicar (que olvidan de un día para otro), confusión entre signos aritméticos (sumar cuando deben restar) o una incapacidad notable para leer relojes analógicos y gestionar el tiempo.
También es frecuente que se pierdan en la secuencia de pasos de un problema matemático, no porque no entiendan el enunciado lingüístico, sino porque no saben qué operación lógica aplicar.
La ansiedad matemática: el bloqueo emocional.
Desde el área de Pedagogía, somos muy conscientes de que la discalculia conlleva una carga emocional pesada. Estos alumnos suelen desarrollar lo que conocemos como ‘ansiedad matemática’.
El simple hecho de enfrentarse a una clase de matemáticas o a una situación cotidiana que implique números les genera un bloqueo mental y una frustración intensa.
Es vital desterrar la idea de que el niño es ‘vago’ o que ‘no se esfuerza’. De hecho, el cerebro de una persona con discalculia trabaja el doble para intentar procesar información numérica que, para un cerebro neurotípico, sería automática.
Esta fatiga cognitiva a menudo se confunde con desinterés, cuando en realidad es agotamiento.
Del material concreto a la abstracción: nuestra intervención.
En Grupo Motyva creemos firmemente que las matemáticas no se aprenden memorizando, sino comprendiendo y manipulando. El tratamiento de la discalculia requiere volver a los cimientos.
Nuestra intervención pedagógica deja a un lado, inicialmente, el lápiz y el papel para trabajar con materiales manipulativos y visuales.

Necesitamos que el niño ‘toque’ las matemáticas. Utilizamos regletas, ábacos, fichas y juegos que permitan visualizar la cantidad y el volumen. El objetivo es construir el puente que falta entre la realidad concreta (tres manzanas) y el símbolo abstracto (el número 3).
Trabajamos la seriación, la estimación y la orientación espacial, habilidades pre-requisitas fundamentales antes de pasar a las operaciones formales.
La discalculia es una condición permanente, pero con las estrategias de compensación adecuadas y una intervención temprana, las dificultades se pueden mitigar enormemente.
El objetivo no es convertir al alumno en un matemático, sino dotarle de autonomía para que los números dejen de ser un enemigo y se conviertan en una herramienta útil para su vida diaria.