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Rinolalias funcionales

Las rinolalias funcionales son alteraciones en la resonancia de la voz, cuando el problema no está en la nariz, sino en el “timbre”.

A menudo, cuando escuchamos a alguien hablar con una excesiva resonancia nasal, tendemos a pensar de inmediato en un resfriado o en una obstrucción física.

Rinolalia

Sin embargo, en el ámbito de la logopedia, nos encontramos frecuentemente con pacientes cuya voz suena alterada no por una congestión temporal, sino por un manejo inadecuado del aire al hablar. Nos adentramos aquí en el terreno de las rinolalias funcionales.

Manejo inalterado del aire.

Para entender qué ocurre, debemos visualizar nuestra voz como un instrumento de viento.

El sonido se produce en las cuerdas vocales, pero adquiere su «color» o timbre particular al rebotar en nuestras cavidades de resonancia: la garganta, la boca y la nariz.

En un habla normal, una «puerta» muscular llamada velo del paladar (la parte blanda al final del techo de la boca) se eleva y cierra el paso hacia la nariz para la mayoría de los sonidos, obligando al aire a salir por la boca. Solo se relaja para dejar pasar aire en sonidos muy concretos (como la «m», «n» o «ñ»).

La rinolalia funcional aparece cuando esta coordinación falla sin que exista una lesión física, como una fisura palatina o una parálisis, que lo justifique.

Es decir, la anatomía está intacta, el «mecanismo» funciona, pero el usuario no lo está utilizando correctamente.

Los dos extremos: Voz «gangosa» o voz «tapada».

Aunque el término técnico abarca cualquier alteración de la resonancia nasal, en la práctica clínica distinguimos dos realidades muy diferentes que pueden tener un origen funcional:

  • La más común es la rinolalia abierta (hipernasalidad).

    Aquí, el aire se escapa por la nariz durante el habla cuando no debería hacerlo. La voz suena excesivamente nasal, «gangosa», y a menudo se pierde fuerza y claridad, haciendo difícil entender al hablante.

    En su vertiente funcional, esto puede ocurrir por una simple imitación de modelos familiares, por timidez (hablar con poca apertura bucal) o, muy frecuentemente, como una secuela de una cirugía de adenoides o amígdalas.

    El niño, que se acostumbró a mover el paladar de una cierta forma para evitar el dolor o la molestia antes de la operación, mantiene ese patrón muscular erróneo aunque la obstrucción física ya no exista.

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  • En el otro extremo encontramos la rinolalia cerrada (hiponasalidad).

    Es el sonido típico de estar «atascado». El aire no llega a la nariz ni siquiera para pronunciar la «m» o la «n», que terminan sonando como «b» o «d» (diciendo «bama» en lugar de «mamá»).

    Aunque suele asociarse a obstrucciones físicas (como vegetaciones), también puede persistir como un hábito funcional mal adquirido tras largos periodos de congestión que ya se han resuelto.

Otorrino revisando nariz

El papel de la «memoria muscular».

Lo fascinante y complejo de la rinolalia funcional es que se trata, en esencia, de un problema de hábito y percepción. El cerebro del paciente ha automatizado una forma de mover el velo del paladar que no es la eficiente.

Por ejemplo, tras una intervención quirúrgica en la garganta, es común que el paciente evite inconscientemente mover la zona por miedo al dolor, instaurando una rigidez que altera la voz.

O, en casos de pérdida auditiva leve no diagnosticada a tiempo, el niño puede no haber desarrollado un control auditivo preciso sobre su propia voz, adoptando un timbre nasal sin ser consciente de ello.

Reeducando el «paladar perezoso».

Al igual que en las disfonías, el diagnóstico debe comenzar con una valoración médica por parte del otorrinolaringólogo para descartar cualquier causa orgánica. Una vez confirmado que la estructura es funcionalmente apta, el logopeda toma el relevo.

El tratamiento en Grupo Motyva para estas alteraciones se centra en una «gimnasia» muy específica para la musculatura orofacial. El objetivo es devolver la movilidad, la fuerza y la agilidad al velo del paladar.

Gimnasia específica.

La terapia se basa en ejercicios de soplo dirigidos, masajes y técnicas para aumentar la sensibilidad de la zona. Pero, sobre todo, se trabaja intensamente en la discriminación auditiva.

El paciente debe aprender a escuchar su propia voz, a identificar cuándo el sonido es «oral» (sale por la boca) y cuándo es «nasal», y a sentir la diferencia física en la vibración de su cara y cuello.

Es un proceso de reentrenamiento cerebral para romper el viejo hábito y automatizar el nuevo patrón de cierre.

Con la intervención adecuada, la voz recupera su brillo, su proyección y, lo más importante, su claridad, permitiendo que la comunicación fluya sin barreras.

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