Siguiendo con nuestra exploración de la oratoria como herramienta de desarrollo en los trastornos del aprendizaje, hoy nos detenemos en una relación fundamental y a menudo indisociable: la que existe entre la expresión oral y escrita.
Ambas son, en esencia, dos caras de la misma moneda, manifestaciones del lenguaje y del pensamiento que, aunque se vehiculizan por canales distintos, beben de las mismas fuentes cognitivas.

Dificultades para hablar y para redactar.
En la práctica clínica y educativa de Grupo Motyva, observamos constantemente cómo las dificultades que un estudiante presenta al hablar en público suelen tener un reflejo directo en su capacidad para redactar un texto, y viceversa.
Un discurso desestructurado a menudo se corresponde con un escrito caótico; la pobreza de vocabulario al hablar se traduce en un texto simple y repetitivo; y la dificultad para argumentar una idea de viva voz se manifiesta en una redacción con escasa profundidad y coherencia.
Esta conexión es especialmente evidente en el contexto de los trastornos del aprendizaje. Las bases neurológicas que subyacen a la planificación, organización, secuenciación de ideas y uso del léxico son comunes para ambas formas de comunicación.
Por ello, una intervención efectiva no puede ni debe tratarlas como compartimentos estancos, sino como un sistema interconectado.
Algunos ejemplos.
Pensemos, por ejemplo, en un alumno con dislexia. Sus dificultades no se limitan a la lectura y la ortografía en la escritura. A nivel de expresión oral, puede presentar problemas para encontrar la palabra exacta (anomia), para organizar las frases de manera sintácticamente correcta o para seguir una secuencia narrativa lógica al contar una historia.
Estas mismas barreras se trasladarán inevitablemente al papel, dando como resultado textos difíciles de comprender, con una estructura desordenada y errores gramaticales.
En el caso de un estudiante con TDAH, la impulsividad y las dificultades en las funciones ejecutivas impactan de lleno en ambas áreas, en la expresión oral y escrita. Oralmente, puede precipitarse al hablar, interrumpir, cambiar de tema abruptamente o no llegar a concluir sus ideas.
Por escrito, esta misma dificultad de planificación se traduce en textos sin un esquema claro, con ideas inconexas, falta de párrafos diferenciados y una revisión final prácticamente inexistente, lo que perpetúa los errores.

El trabajo en oratoria.
Desde la perspectiva de la logopedia y la pedagogía, el trabajo en oratoria se convierte en un motor de mejora para la escritura. Al entrenar a un estudiante para que prepare una breve exposición oral, le estamos enseñando, de manera implícita, el proceso fundamental de la escritura:
- Generación de ideas (Brainstorming): El primer paso para preparar un discurso es pensar sobre qué se va a hablar, un proceso idéntico al que se debe realizar antes de empezar a escribir.
- Organización y estructura: Enseñar a un alumno a crear un guión con una introducción, un desarrollo por puntos y una conclusión, le proporciona un esquema mental que podrá aplicar directamente a la hora de estructurar un párrafo o una redacción completa.
- Ampliación del vocabulario y la sintaxis: Al practicar la expresión oral, se fomenta el uso de un léxico más rico y de estructuras oracionales más complejas para evitar la repetición y hacer el discurso más atractivo. Este enriquecimiento del lenguaje oral se transfiere de forma natural al repertorio que el estudiante utilizará al escribir.
- Coherencia y cohesión: La necesidad de que un discurso sea entendido por la audiencia obliga al orador a conectar sus ideas con claridad, utilizando conectores y manteniendo un hilo temático. Esta es, precisamente, la base de un texto bien cohesionado.
Estrategias para la expresión oral y escrita.
En los centros de Grupo Motyva, y específicamente dentro del Programa de Educación Integral Motyva Kids, nuestros profesionales abordan la expresión oral y escrita como un continuo.

Se utilizan estrategias que benefician a ambas competencias de forma simultánea. Por ejemplo, se puede pedir a un estudiante que primero grabe un audio explicando una idea y que, posteriormente, lo transcriba y lo mejore por escrito.
Este ejercicio le permite tomar conciencia de sus muletillas, de su estructura de pensamiento y de las áreas de mejora de una forma mucho más tangible.
En definitiva, entender que la palabra hablada y la palabra escrita se nutren mutuamente es clave para una intervención exitosa.
Potenciar las habilidades de oratoria de un estudiante con trastornos del aprendizaje no solo le conferirá seguridad para comunicarse ante los demás, sino que le estará proporcionando los andamios cognitivos que necesita para construir textos más claros, ordenados y eficaces.
Es una inversión doble en su capacidad de comunicación y, por ende, en su futuro académico y personal.