Hablamos de disfonías orgánicas cuando la alteración de la voz (ronquera, fatiga, pérdida de potencia) es la consecuencia directa de una lesión visible y evidente en la laringe, específicamente en las cuerdas vocales.
Aquí, el problema no es solo cómo se usa la voz, sino que la propia herramienta está estructuralmente alterada.

De lo funcional a lo orgánico.
Es fundamental entender que ambas categorías no siempre están separadas. De hecho, uno de los caminos más comunes para desarrollar una lesión orgánica empieza, precisamente, en una disfonía funcional no tratada.
Como mencionamos, el abuso vocal continuado (gritar, forzar la voz, una mala técnica vocal) genera un traumatismo constante. Las cuerdas vocales chocan entre sí con excesiva fuerza, una y otra vez.
Este maltrato crónico puede provocar que el tejido reaccione, inflamándose primero y, si el comportamiento persiste, generando lesiones benignas muy conocidas, como los nódulos (los ‘callos’ de las cuerdas vocales, siempre bilaterales) o los pólipos (lesiones más blandas, a menudo unilaterales, que pueden surgir tras un único esfuerzo vocal intenso, como un grito).
Tipos de lesiones en las disfonías orgánicas.
Aunque el sobreesfuerzo es una causa frecuente, las disfonías orgánicas agrupan un conjunto amplio de patologías con orígenes diversos:
- Lesiones congénitas: A veces, el problema está presente desde el nacimiento, aunque puede no manifestarse hasta la edad adulta. Hablamos de quistes, sulcus vocalis (una especie de hendidura en la cuerda) o puentes mucosos, que alteran la vibración normal.
- Inflamaciones y factores externos: El Edema de Reinke, por ejemplo, es una inflamación crónica (una ‘hinchazón’ gelatinosa) de las cuerdas vocales, asociada de forma casi exclusiva al tabaquismo. El reflujo gastroesofágico también puede quemar químicamente la laringe, causando una laringitis crónica.
- Causas neurológicas: La voz también puede fallar si la orden del cerebro no llega correctamente. Una parálisis o paresia de cuerda vocal (inmovilidad o movimiento débil) es un ejemplo claro. Esto puede ocurrir tras una cirugía (como la de tiroides, por afectación del nervio laríngeo recurrente), por infecciones virales o, en ocasiones, por causas desconocidas (idiopáticas).
- Traumatismos y lesiones iatrogénicas: Un golpe en el cuello, una intubación prolongada en una UCI o cirugías en la propia laringe pueden dejar secuelas en la movilidad o estructura de las cuerdas.
- Lesiones malignas: Aunque la mayoría de las ronqueras obedecen a causas benignas, una ronquera persistente (especialmente en fumadores) debe ser evaluada por un especialista para descartar un carcinoma (cáncer de laringe).

Síntomas de las disfonías orgánicas.
Si bien la ronquera es el síntoma común, en la disfonía orgánica esta suele ser constante. No mejora tanto con el reposo como en la funcional.
Dependiendo de la lesión, la voz puede sonar más ‘soplada’ (típico de una parálisis, ya que las cuerdas no cierran bien y se escapa aire) o sonar ‘doble’ (diplofonía).
El papel clave del otorrinolaringólogo en el diagnóstico.
Ante una disfonía que dura más de dos semanas, la visita al otorrinolaringólogo (ORL) es imprescindible. A diferencia de la disfonía funcional (donde la exploración visual puede ser normal), en la orgánica el especialista debe encontrar la lesión.
Mediante técnicas como la fibroscopia o la estroboscopia, el ORL puede visualizar las cuerdas vocales en detalle y determinar la naturaleza del problema. Este diagnóstico médico es el punto de partida para decidir el tratamiento.
Tratamiento de las disfonías orgánicas.
Aquí es donde el enfoque multidisciplinar de Grupo Motyva cobra su máximo sentido. El tratamiento de una disfonía orgánica es un trabajo en equipo:
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1.- Tratamiento médico-quirúrgico: El ORL determinará si la lesión requiere fármacos (para el reflujo o la inflamación), cirugía (para extirpar un pólipo, quiste o nódulos muy fibróticos) o si se opta por un manejo conservador.
2.- Tratamiento logopédico: La intervención del logopeda es crucial, tanto si hay cirugía como si no.
·· Si no hay cirugía: En casos como nódulos incipientes o paresias, la terapia vocal intensiva puede ser el tratamiento principal para reducir la lesión o compensar la falta de movilidad.
·· Si hay cirugía (rehabilitación pre y post-quirúrgica): El logopeda prepara al paciente para la cirugía y, tras ella, dirige la rehabilitación para asegurar una correcta cicatrización. Y, lo más importante, se encarga de reeducar los patrones de esfuerzo que, muy probablemente, originaron la lesión. De no hacerlo, el riesgo de que la lesión reaparezca es muy elevado.
En conclusión, una disfonía orgánica es una señal de alarma de que existe un daño estructural.
Requiere una evaluación médica precisa y, en la gran mayoría de los casos, una intervención logopédica especializada para restaurar la función vocal y, sobre todo, para asegurar la salud vocal a largo plazo.