Las disfonías funcionales no son un problema de la estructura laríngea, sino del uso que hacemos de ella. Cuando la voz falla sin lesión aparente.
Es habitual asociar la ronquera o la fatiga vocal con un resfriado, un grito puntual o, en casos más serios, con lesiones como nódulos o pólipos en las cuerdas vocales.

Sin embargo, existe una categoría de alteración vocal muy frecuente en la que, tras una exploración por parte del especialista (otorrinolaringólogo), las cuerdas vocales presentan un aspecto anatómicamente normal. Hablamos de las disfonías funcionales.
Si no hay una lesión visible, ¿por qué falla la voz?
Como comentamos al comienzo la disfonía funcional no es un problema de la estructura laríngea, sino del uso que hacemos de ella.
Se define como una alteración de la calidad de la voz (en su tono, intensidad o timbre) provocada por una utilización vocal inadecuada, sin que exista una patología orgánica que la justifique.
El origen de este trastorno reside en un desequilibrio o una tensión muscular excesiva (hiperfunción) o, en el caso contrario, una falta de cierre vocal (hipofunción) durante el habla. Es el resultado de un comportamiento vocal incorrecto, a menudo mantenido en el tiempo.
Las causas de las disfonías funcionales.
Las disfonías funcionales están íntimamente ligadas a nuestros hábitos. El ‘abuso vocal’ se refiere a conductas como gritar con frecuencia, hablar en ambientes muy ruidosos que obligan a forzar la voz, o un carraspeo (aclarar la garganta) excesivo.
El ‘mal uso vocal’ es más sutil. Puede incluir hablar en un tono que no es el nuestro (demasiado agudo o grave), utilizar una respiración incorrecta (clavicular en lugar de costo-diafragmática) para fonar, o mantener una tensión muscular elevada en la zona del cuello, hombros y mandíbula al hablar.
No es de extrañar que este tipo de disfonías sean prevalentes en profesionales que dependen de su voz para trabajar: docentes, comerciales, teleoperadores, cantantes o abogados.

Sin embargo, factores como el estrés, la ansiedad o incluso ciertos rasgos de la personalidad pueden contribuir a generar y mantener esa tensión muscular que deriva en una voz forzada y fatigada.
Los síntomas que nos alertan.
Quienes padecen una disfonía funcional suelen experimentar una sensación de fatiga vocal; la voz se ‘cansa’ rápidamente a lo largo del día. Otros síntomas comunes incluyen:
- Ronquera (voz áspera).
- Voz entrecortada o con ‘gallos’ (quiebres de tono).
- Sensación de cuerpo extraño en la garganta.
- Necesidad constante de carraspear.
- Dolor o pinchazos en la zona del cuello al hablar.
- Pérdida de potencia vocal o dificultad para proyectar la voz.
El riesgo de las disfonías funcionales.
Uno de los puntos cruciales que debe entender el paciente es que una disfonía funcional no tratada puede ser la antesala de una lesión orgánica.
Si mantenemos ese patrón de esfuerzo y tensión al hablar, las cuerdas vocales sufren un impacto excesivo y repetitivo.
Ese ‘traumatismo’ continuado puede acabar generando lesiones secundarias, como los conocidos nódulos vocales (los ‘callos’ de las cuerdas vocales) o pólipos. Lo que empezó como un simple mal hábito, se convierte en un problema físico.

La intervención logopédica: Reeducar la voz.
Dado que el problema es funcional, la solución principal no es farmacológica ni quirúrgica (excepto si ya ha derivado en una lesión orgánica), sino conductual. Aquí es donde la figura del logopeda es fundamental.
El tratamiento se centra en la reeducación vocal. El primer paso es una evaluación exhaustiva para identificar qué patrones incorrectos está utilizando el paciente. A partir de ahí, se diseña una intervención personalizada que busca:
- Instaurar una correcta higiene vocal: Proporcionar pautas para cuidar la voz y evitar los comportamientos de abuso.
- Optimizar la respiración: Enseñar una respiración costo-diafragmática que sirva de soporte adecuado para la voz.
- Relajar la musculatura: Reducir la tensión innecesaria en la laringe y las estructuras adyacentes.
- Encontrar el tono y la intensidad óptimos: Ayudar al paciente a utilizar su voz de manera eficiente, sin esfuerzo.
En resumen, la disfonía funcional es un aviso de que nuestra voz está trabajando bajo estrés. Ignorar la fatiga vocal o la ronquera frecuente puede cronificar el problema.
En Grupo Motyva, entendemos la importancia de un diagnóstico diferencial preciso y un abordaje integral, donde el logopeda trabaja para devolver al paciente una herramienta de comunicación sana, eficaz y sin esfuerzo.